Integridad en el acompañamiento

Un artículo de Nuria Banal generó esta reflexión sobre la Integridad:Me lo pregunto muchas veces. Quién soy, que tengo que decir y si mi salud mental me permite acompañar a otras personas desde lo que considero mi verdad. Con el contacto de los otros veo que ese edificio de quien soy y en lo que creo es meramente un espejismo.¿Desde que cimientos hablo? ¿Qué quiero/puedo compartir? ¿Engaño a las personas sin ser consciente de ello? A veces temo creerme más que otras personas, y querer imponer mi verdad. Duele mucho saberse no entendido por los otros. ¿Y si me he inventado un saber para demostrarme a mí mismo algo? Algo que pueda tener que ver con mis relaciones más íntimas,

Entonces pienso… Cuál es el espacio desde el que hablo y toco. ¿Lo he meditado? Lo he reflexionado? ¿Es espontáneo, calculado, frío, directo, indirecto?

Y no me se responder. Las preguntas se amontonan junto a la incomodidad de caminar a ciegas. A veces creo responderme y otras veces me pierdo en ese bosque enmarañado que soy yo (yoes).

Además temo ser precipitado dando respuestas rápidas ante preguntas aparentemente simples. Querer dar una respuesta rápida. ¿De dónde me viene esa urgencia? ¿Acaso no será para calmar la ansiedad de no saber la respuesta? Querer decir constantemente al otro lo que “debe”, no “debe”, reinterpretarlo desde mi yo.

Cuando de verdad acompaño a otras personas el requisito indispensable es la escucha, esa escucha que limita mi respuesta automática, limita el quererme explicar y narrar constantemente o justificar mis acciones desde una mirada unilateral -la mía-. Y no podrá haber escucha sin silencio. No importa si lo que digo es verdad, media verdad, verdad neurótica o mentira. Lo que si importa es no decir aquello que nace como un impulso, evitar decirlo de cualquier manera. Y en ese menester tengo trabajo diario. Entre fuerzas que me empujan como un pelele de las cuáles soy responsable.

La integridad es saberse diverso, complejo, oscuro, claro e incierto. Mi verdad, en parte, poco importa si va a taponar la verdad del otro a través de un discurso estereotipado y repetitivo de mi mismo. Quizá no sepa, ni quiera, remediarlo en lo social- hablando con amistades y familia- pero si estoy acompañando a otra persona el primer ser que debe callar es el yo. Callar para dejar un espacio, y para que pueda callar tiene que instalarse en otro lugar que no sea tan cercano a la propia vivencia del día a día, a la vivencia que se impregna en la piel y que plaga de discursos estériles lo social. En la intimidad de un acompañamiento debe haber silencio interno. Pero ese deber no es nada fácil de lograr.

Por eso a veces agradezco un cierto grado de sordera de mí mismo, imposibilidad de contactar con quién soy porque me interesa la otra persona. No sé desde qué lugar, pero algo de la intuición me va dando pautas, aunque los senderos no sean claros, es desde esa visión borrosa que se puede acompañar. Desde la visión borrosa, la supervisión, el autoanálisis y el continuo acompañamiento de mí mismo por parte de otras personas que me pueden ver desde una distancia que para mí sería imposible de visionar.

Hay algo dentro de mí, que guía, a veces lo creo y otras veces temo haberlo perdido, pero hay algo, que no sé definir que narra en a nivel.

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