Arteterapia VS Clase de Arte

AT vs AC

Fuente:

https://www.artastherapy.ca/art-as-therapy-blog/2017/3/14/whats-the-difference-between-art-therapy-and-an-art-class

 

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IV Jornadas de cuerpo, arte y salud 2019

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Gracias a Edmundo Dos Santos y Vanesa Sandín, podremos disfrutar de un año más de las IV Jornadas de cuerpo, arte y salud 2019 .Se celebrarán el sábado 9 de marzo de 2019 de 10:00h. a 20:00h.
Aquellas personas interesadas en la presentación de trabajos hasta el 18 de octubre de 2018 para hacerlo. 
El precio de las mismas es de 60€
Podéis consultar información sobre las anteriores ediciones en este mismo blog.
Para más información, dudas o aclaraciones cuentan con el e-mail cartesalut@gmail.com y también con la página de facebook.

De la fotología a la arteterapia

Hace unos años realicé el master de artes visuales y educación en la Universidad de Barcelona (si estás interesada/o en la página web general de la formación puedes consultar este enlace).

Allí, además de conocer a Fernando Hernández, pude especializarme en la concurrencia entre las artes visuales, la educación y el construccionismo. Para mí fue una formación integral, que me permitió ampliar la mirada, ser más crítico y contemplar la investigación des de un lugar interrelacional.

Dentro de la formación conocí a José María Barragán, que impartía la asignatura Educación Artística, Perspectivas Críticas y Práctica Educativa Hablando con él, me recomendó si tenía la oportunidad de leer la tesis de David Vinuales. Esto se debía a que sabía de mi interés por la arteterapia, y él mismo había dirigido su tesis.

Pasó el tiempo, y finalmente no consulté la tesis, pero seguía resonando el nombre de David.  Hace poco, navegando por una conocida web de compra online, vi que estaba disponible el libro del camino de la Fotologia.

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No soy una persona especializada en fotografía, aunque como todo ser mortal, me gusta fotografiar objetos, personas y espacios. Me interesa la fotografía como experimentación, para realizar collagge, crear texturas, y sobretodo en su aspecto de postproducción: poder cambiar los colores, perspectivas, añadir texto, incluirla en una edición de video… Pero me faltaba encontrar la manera para llevarlo al territorio de la arteterapia.

Estoy acostumbrado al trabajo que maneja distintos lenguajes artísticos, especialmente la plasticoterapia, la escritura y el movimiento, pero no he profundizado en las posibilidades de la fotografía.

Como bien sabido es en arteterapia, uno de los ejes importantes, es el acompañamiento con una técnica que el/la profesional domine. Va a ser complejo que pueda acompañar a una persona mediante la fotografía, si yo mismo no conozco su funcionamiento tanto técnico como expresivo. Además, como arteterapeuta, se torna fundamental la actualización y realización de procesos de investigación creativa.

Ahora bien, hay una peculiaridad en la fotografía, y que aparece resaltado en el texto de Fotología, que es la universalidad de la imagen. Hoy en día casi cualquier persona dispone de un smartphone, y esto brinda la posibilidad de fotografiar (y ser fotografiado). De hecho, las cámaras compactan han dejado paso a smartphones con una buena calidad fotográfica (más allá de las limitaciones obvias del dispositivo). Además de las innumerables fotografías que acontencen en las redes sociales, aparecen aplicaciones de postproducción para cambiar el formato, el color, la exposición, etc.

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¿Qué es lo que aporta la fotología a la arteterapia?

Una visión des de un marco narrativo, fenomenológico (incluso existencial) que enfatiza la fotografía, como un lugar de significado, una manera de explicarse el mundo y a si mismo/a. Como ese objeto/artefacto fotográfico, tiene múltiples miradas, matices, diálogos… que hablan de quién fotografía, y su marco cultural e identitario.

¿Fototerapia o fotología? 

Casi desde el inicio del ensayo de Fotología, se plantean la distinción con la fototerapia. No lo plantea cómo algo dicotómico, si no como un nuevo espacio que amplía la fototerapia.

Siendo una de las principales diferencias el hecho que desde la fotología es posible adquirir conocimiento tanto sobre si mismo/a como del mundo y como una forma de pensamiento. Ya que en cada fotografía o acto de fotografiar la persona deja su huella, su cultura, su lenguaje, su emoción…

Estoy haciendo un resumen muy burdo e interpretativo del texto. Recomiendo para una mayor profundidad la lectura del mismo.

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¿Cómo adaptar la fotografía a la arteterapia?

En Internet hay muchísimas dinámicas para incluir la fotografía como investigación, creación, punto de inicio, resumen, recuerdo, etc. En cuanto a actividades de pretexto se pueden usar:

  • Banco de imágenes de diferencias tonalidades cromática
  • Banco de imágenes de abstractas
  • Banco de imágenes de personas, acciones, objetos, animales, espacios, lugares…

En cuanto a imágenes, además de poderlas encontrar en revistas, diarios, etc. se pueden encontrar en páginas de Internet y redes sociales.

Esto sería una actividad de la que partir, pero una vez iniciado el proceso de creación, lo interesante es que la persona sea productora de su propia identidad:

  • Recorrido fotográfico de los lugares que visita la persona
  • Objetos que toca en su día a día
  • Aquello que ve cuando mira hacia arriba (cielo, techo de un vagón de metro, plafones, lámparas, árboles, nubes…)
  • Lo que hay a sus pies (tierra, flores, cemento, baldosas, agua, charcos, grietas, agujeros…).

Con cualquiera de estas propuestas, se puede generar un álbum, un artefacto, una caja, forrar objeto con esas imágenes, realizar collage, etc.

Las propuestas pueden ser casi infinitas, y el contactar con lo genuino, lo propio y generar un nuevo discurso aumenta la potencialidad de la persona y una resignificación de su estar-en-el-mundo.

En la página web de David Viñuales, podéis encontrar tanto información de su libro, como cursos que realiza de fotología :

http://davidvinuales.org/

ArtsLibris: Feria Internacional del Libro de artista

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ArtsLibris continua brindándonos la oportunidad de acercarnos a Libros de artista internacionales. Se celebra su novena edición en Barcelona, concretamente en Arts Santa Mònica, del 21 al 23 de abril.

El prorama ArtsLibris de 2018 incluye exposiciones, fotolibros talleres, y el Premio ArtsLibris de la Fundación Banco Sabadell.

Tenéis toda la información en:

http://artslibris.cat/es

Sublimarte nº 10

Ya ha salido un nuevo número de la revista de terapias artísticas Sublimarte.  En este caso, es el número 10.   

Recuerdo como en 2015 Alejandro Robles, me invitó a participar en la revista. Desde entonces ha seguido trabajando  junto a Mónica Muñoz Montejano,  para que la revista pueda seguir publicando números. 

Os invito a visitar la revista una vez más, con todo el cariño del mundo y a disfrutarla.

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Siempre es un placer leerla, y más sabiendo de la dificultad hoy en día de gestionar un proyecto gratuito a lo largo del tiempo.
Así que felicito tanto Alejandro como a Mónica por su esfuerzo,  y les animó a seguir trabajando en este proyecto que para muchos es muy importante:  para conocer el ámbito de las terapias artísticas.
¡Gracias!

 

 

Autobiografías y otros relatos de ficción

Sucede, que de tanto en tanto, me sumerjo en alguna autobiografía. A veces es la casualidad la que me invita, y otras veces el interés por una autora o autor del cuál he leído un ensayo, artículo o entrevista.

No soy especialista en literatura, y tampoco considero que tenga un bajage cultural suficiente como para poder hacer una lectura crítica o profunda de aquello que leo.

Pero le doy valor a la opinión sobre lo que leo. Aquello que me toca y me traspasa, tiene alcance y da significado los hechos de mi propia vida, y a los escenarios culturales, sociales e históricos en los que vivo.

Por mis manos han pasado libros, que si ser autobiográficos, me han tocado, porque su afán no residía en objetivizar la realidad, si no en relatarla sin desdibujar su sujeto: Alexander Lowen en un claro ejemplo, como mediante su narrativa, explica la metodología de la bioenergética sin desaparecer, y creando desavenencias por el camino.

Por otro lado, existen autores como Victor Frankl, que en su libro “El hombre en busca del sentido“, relata con crudeza lo que le permitió sobrevivir al campo de exterminio nazi.

Un libro mucho más actual es el diario de Zatla, que me horrorizó sobremanera, describiendo el conflicto bélico de la guerra de Yugoslavia, y acercando a mi realidad española, la posibilidad de una guerra.

También ha pasado por mis manos, la autobiografía de Elisabeth-Kübler Ross “la rueda de la vida”, libro que, en un determinado momento, entrelaza realidad y fantasía. Por supuesto, he visitado a Sigmund Freud, que mediante su propia vida, sus investigaciones, y su visión de los sujetos, relató de manera multidimensional, muchos de los pacientes con los que tuvo relación terapéutica. Acercando el lado humano y contradictorio del aparato psíquico, a la población general.

Entre estos libros ha aparecido un extraño, una biografía no autorizada de Truman Capote, que da cuenta, de la complejidad del ser humano y de los múltiples destinos fatales de la adicción.

Pero hoy quisiera centrarme, en dos libros que estoy leyendo de manera simultanea. El segundo de los cuáles es del neurólogo Oliver Sacks, “En movimiento“. Es interesante, porque no hubiera caído en su biografía, de no haber leído “el hombre que confundió a su mujer con un sombrero” . Un libro sobre relatos de pacientes, con distintas problemáticas neurológicas. Es un libro con mucho sentido en mi trayectoria, ya que he trabajado en centros sociosanitarios, también en residencias geriátricas y con personas con trastornos craneoencefálicos.

El otro libro que estoy leyendo, me lo recomendó un paciente de los pisos de reinserción de personas con problemas de adicciones y toxicomanías, Capacitats21, en los que trabajo actualmente. Se trata de una biografía de cinco tomos cuyo autor es Karl Ove.

Ambos libros los vinculo, porque rezuman autenticidad. Pero el de Karl Ove, dentro del tedio y la monotonía que a veces presenta, es completamente actual. Porque toca con firmeza la realidad de nuestro contexto, especialmente el occidental blanco. No parece censurar aquello que piensa, ni tampoco lo que no debe ser pensado, muestra sus miserias, pero no con la intención visceral de repartirlas y despreocuparse, si no que parece querer decir “Esto, que es muy poco, soy yo, y yo, no soy solo yo, si no que soy a la vez tu, y nosotros, y este deschecho es nuestro producto”.

No ensalza la figura occidental del hombre blanco, con dinero, machista, atravesado por el cuestionamiento de su rol, si no que relata las miserias porque sabe que es prescindible, y que su grandeza no es literaria, ni es humana, puesto que “no es”. Su grandeza, si es que la supone, sería en narrar aquello que vivió y vive.

Oliver Sacks afirma a lo largo de su autobiografía que su psicoanalista le salvó la vida. A Karl Ove le hizo comenzar a escribir, la muerte de su padre, en circunstancias muy complejas.

La escritura es una llave, que abre y cierra puertas. A veces puede ordenar, a veces subsumir, a veces deprimir y otras veces permite encontrar una salida. Los seres humanos, repetimos miles de veces la universalidad de nuestras emociones y circunstancias. Para cuando yo empecé a escribir, el mundo ya estaba en pie, y toda referencia a lo que para mí era novedoso, estaba escrita. De hecho, cualquier palabra que pueda poner en cualesquiera de los artículos de opinión de este blog, tengan o no referencia a mí o a los demás, en el fondo y en la superficie, no me pertenece. Nací en un mundo del lenguaje que no cree.

No se trata de no responsabilizarme de mis opiniones, si no de reconocer, que la originalidad desapareció en cuanto salí del vientre de mi madre.

El interés por las biografías, nace para poder explicarme a mi mismo. Conforme más leo, más cuenta me doy, que aquello que pienso no me pertenece. Mis palabras son ajenas, y dónde yo me he quedado, un acto que creía profundo, otros lo han ahondado y superado.

¿Cómo liga esto con arteterapia? He comentado en otras ocasiones, de la importancia que le doy a la escritura creativa, al acto de escribir y narrar desde la ficción. Llegado el caso, tengo la sensación que la autobiografía, no deja de ser una ficción, en un punto concreto de la persona. Es una ficción, puesto que es tanta la subjetividad y tan azarosos los recuerdos, que seguramente nada sucedió, pero es lo que la persona (re)significa, y autoexplica. En arteterapia se intenta que la persona, no caiga en una autoexplicación de quién es, si no que narre lo que es posible ser desde la ficción. Su poder personal, emerge dejando de lado su yo más cotidiano.

¿Que es lo que quiero ejemplificar? A algunas personas sencillamente, les es imposible dejar de escribir. Tengan o o tengan un don para la escritura, experiencia, criterio o inteligencia.

Ese gran motor, alejado de la represión y la censura, la autopista constante, es tremendamente difícil de activar y mantener cuando el deseo se ha camuflado, debajo de una capa de tristeza o angustia.

¿Cómo activó su motor cada una de las personas? Hay un cierto misterio, en la particularidad del deseo. Quisiéramos muchas veces poder generalizar procesos, actos, personas y grupos. Quisiéramos establecer pautas generales. Quisiéramos tener mucho más control de los demas, para no sentir la inseguridad de la incertidumbre. Pero el psiquismo es mucho más complejo, por lo menos si no se quiere caer en la tentación del único peso en el relato, que se le otorga al diagnóstico.

Cada persona decidió escribir y cada persona ordenó ese escrito, y a su vez lo compartió con un/a corrector/a, un editor/a… Le sucedió en carne propia el proceso de escribir, reescribir, recapitular, rechazar, borrar, romper, arrepentirse, perderse en el abismo…

A veces se piensa en la escritura como una actividad solitaria, y bien es cierto que requiere de un tiempo, pero, el libro no le pertenece al autor/a si no al mundo. Un libro, un relato, un cuento, es una elección de estar en el mundo, es una manera de decir “existo” y una manera de no perecer.

El texto de la importancia toca, atraviesa, aleja y acerca el fracaso, fluye y se atasca, y se relaciona conmigo y mi entorno.

También puede solidarizar la amargura y crea un mundo nuevo. Como Christian Andersen, cuya terrible infancia plasmó en un sinfín de cuentos y personajes. Y dijo de si mismo:

Soy como el agua, a la que todo agita, y en la que todo se refleja

Educación social y adicciones

Me encuentro en mitad de la avenida de Roma, en un día lluvioso de Barcelona. Varias personas me han dicho que va a llover y mucho. El aire golpea mi espalda y estoy reflexionando. Ahora puedo permitírmelo con más calma porque acabo de salir de trabajar.

Hay un balcón de esos que tienen los alambres curvados que sobresalen un poco, con esa especie de remate metálico que da la vuelta hacia si mismo. Delante de mí tengo una hilera de palmeras pequeñas, con el tronco lleno de hojas entrelazadas, parece una trenza que nace del suelo y acaba en el cielo.

Y paralelamente, para mí alegría, a mi derecha hay una fila de plataneros, con su pequeña plaga de polen e insectos de color blanco, que se posan por todos los lados.

Los coches no paran de circular,  algunas personas siguen trabajando mientras otras han salido ya del trabajo.

Estoy a punto de finalizar la segunda parte del libro de Kalr Ove Mi Lucha y no sé muy bien porqué lo estoy leyendo. Me recuerda la importancia de narrar la biografía, pero al pensar en narrar la propia…hay que enfrentarse a tantos demonios y derrotar tantos tabúes que la tarea se hace inasumible.

El otro día pensaba en la idea social sobre las personas que tienen problemas de adicción y a la vez, la imagen que tengo yo. Llevo casi dos años con personas que han probado casi todo tipo de drogas (o tóxicos). Tienen tantos nombres que a uno le cuesta acostumbrarse: yonquis, drogadictos, enganchados, viciosos…

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Pero la realidad de las drogas es demasiado heterogénea como para que pueda ser resumida en una sola imagen, y aún así en los imaginarios populares solo aparece gente demacrada, totalmente destruida y consumida, un sedimento más relacionado con la época de los ochenta, las jeringuillas y la heroína que con la actualidad. Me encuentro con personas que han pasado una temporada en una comunidad terapéutica y que cuando vienen al pisos de reinserción están más repuestos física y emocionalmente.

El trabajo es arduo, no es para nada sencillo, pero es una oportunidad y un reto constante. Tener un enganche, una dependencia, dejarlo todo para ser consumidos por una droga, evaporarse y desaparecer en cada calada, raya o trago… es comprensible. No puedo dejar de comprender que haya gente que arruine su vida, que desconecte del mundo y que se enganche, porque la vida muchas veces es eso, un pozo de insatisfacción constante, un cúmulo de responsabilidades cuyo sentido se pierde en una ristra de quehaceres. En medio de ese torbellino rutinario aparece un hueco, un vacío, un agujero que todo lo engulle.

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Entonces estas personas pasan de soportar la vida a ser incorporadas en una vida que se sostiene a partir de un estado influido por la droga. La vida no puede vivirse sin ese estado, es menos vida, es una pared frágil, más porosa. Y cuando verdaderamente se sostienen sin la droga, con la inmensa cantidad de fármacos que les recetan médicos y psiquiatras, les parece que todavía no pueden. ¿Es normal sentir esto que siento? No puedo soportar vivir sintiendo lo que siento en este momento y todavía me quedan 23 horas por vivir. Se hace imposible lo cotidiano y solo queda como escapatoria el próximo chute, la próxima dosis, el próximo escape. Paralelamente se inicia una confabulación mental para volver a la droga cuanto antes, ocupando minutos, horas y días en esa tarea de vuelta al refugio de lo soportable.

Entre esas aguas de incesante lucha y ambivalencia, de encuentro y desencuentro, es desde donde hay que establecer un vínculo que reconozca las dificultades pero que ponga límites a la transgresión. Porque en la adicción, la compulsión es desaforada, y ya nada es suficiente, todo falta, falta el padre, la madre, los hermanos, el mundo, y solo hay hambre de soledad, de contacto con uno mismo que solo logra establecerse mediante el tóxico.

Entonces es cuando aparece el educador social, que hace de educador social y también de terapeuta, es una mezcla curiosa e interesante, para proponer un pacto: yo no puedo ser tu droga, ni siquiera puedo sostenerte, no confío al 100% en ti y dudo de tus posibilidades porque debes demostrar(te)me que hay una parte de ti que quiere cambiar, pero  igualmente voy a estar presente en cada uno de tus pasos.

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A diferencia de otros ámbitos, decirle a la persona que va a conseguirlo, es engañarla. Porque conseguirlo puede implicar dejar las drogas para siempre. Ningún vínculo, muy fuerte que sea puede lograr esa tarea tan complicada. La confianza plena, el apoyo ante todas sus acciones, acertadas y desacertadas,  es engañarte con que todo lo puedes conseguir. Precisamente esa es la promesa de la droga, puedo tenerlo todo. En cambio, cuando se le dice que lo que se puede conseguir es parcial, la cosa cambia. Si no todo lo puedo conseguir, tampoco puedo estar sintiéndome bien todo el día. Sentirse bien todo el día no es síntoma de normalidad, si no una fantasía prometida por la droga. De esta manera poco a poco va a poder tolerar una cierta cantidad de malestar que no limite las áreas sociales, laborales, formativas, familiares o de ocio.

¿Así debo vivir, con esta falta? Yo no quiero vivir con esta falta, quiero lo que antes tenía; un estado en el que desaparecía y a la vez estaba. Y la realidad vuelve reaparece irrumpiendo con fuerza: tu no puedes tener el efecto mediante la droga, porque tus relaciones, tu economía, se llenó de deudas, de impagos, de relaciones truncadas, de apuestas incumplidas…, de dolor y de culpa. Lo que si puedes hacer es empezar a construir un artefacto mediante el cuál pueda ser soportable la vida.

Ese es el papel del educador social, facilitar las herramientas para que la persona construya su artefacto. Y quién diga que tiene la llave exacta, y que ha curado a muchas personas con problemas de adicción, miente. Se pone en una lógica de la droga que todo lo puede.

A veces me coloco en una posición en que le digo a la persona que: Podré acompañarte mientras la droga no te aleje de mi , y debes elegir entre la droga y yo, porque no soy compatible con la droga, no puedo ni quiero compartirme con la droga.

Quizá, en otros momentos de mi vida, frente a otras personas y problemáticas, mi propuesta hubiera sido crear vínculos en que la persona pudiera escoger si quiere drogarse o no, pero verdaderamente, en este ámbito, por lo menos al inicio de un tratamiento no es posible escoger. Es necesario construir el artefacto que le haga soportable vivir. Luego, más adelante, quizá, con el paso de muchos años, podrá sostener un consumo que no le haga perder la vida.