V Formación de ArteTerapia Marabal 2017-2018

 

Abiertas entrevistas para la V formación de ArteTerapia Marabal 2017-2018

El 25 de noviembre de de 2017 iniciamos un camino simbólico en nuestra V edición de la formación de ArTerapia Marabal: las artes del cuerpo como camino de transformación.

Nos gustaría contar contigo, con tus metáforas, tu subjetividad, conocimiento y energía.

Encontrarás más información en la página:
http://www.marabal.org/Formacions-reconegudes-%20docents-2016-2017/Arterapia/#bajar

Además del  3 al 7 de julio de 2017 en horario de 10:00h. a 13:00h. realizamos un curso introductorio a la formación:
http://www.marabal.org/Formart-Escola-Estiu-2017/Curs1-Arterapia/#bajar#bajar

Contacto:
marabal@marabal.org
692195373

 

Arteterapia: realidad VS Ficción

En 2011 pude asistir a un seminario de Patrick Lorraine (arteterapeuta de INECAT). Él se encargó de plantear el seminario de “supervisión en arteterapia”.

He vuelto a tener contacto con la transcripción del texto que ya hice en su momento, pues es un texto que hemos compartido el mes de marzo en la formación de ArteTerapia Marabal: Las artes del cuerpo como camino de transformación.

Volver al texto me ha recordado la importancia de revisitar lecturas sobre arteterapia para mantenerme en movimiento, para poder cambiar los puntos de vista, para no quedarme con una sola idea.

Si bien es cierto que trabajo con un marco concreto, este marco puede flexibilizarse y aunque finalmente haya una metodología que aplique a partir de mi particularidad y subjetividad, no viene mal recordar algunos puntos sobre arteterapia en la linea Jean-Pierre Klein.

Por un lado resalta la importancia de la supervisión y por otro lado especifica la puesta en escena de un dispositivo para realizarla. Hoy no hablaré de supervisión. Hablaré de la diferencia entre realidad y ficción en arteterapia.

En el seminario, Patrick Lorraine habló sobre una paciente que tuvo durante tres años que padecía Alzheimer y que acompañó a partir de la pintura, primero utilizando la técnica del carboncillo, luego las ceras y finalmente pintura:

Se necesita que la persona sepa cuando entra y olvide al mismo tiempo que ella viene por ella misma. Ejemplo, yo sé que vengo por mi dificultad, el acompañamiento hace que casi se me olvidó que vine por esa dificultad. No se trata de empujar sobre el problema, ni resolverlo de golpe, no se enfrenta con los síntomas ni se ataca las defensas. Dar la vuelta alrededor en la dificultad de la persona. Que la persona sepa y olvide al mismo tiempo que ella viene por sí misma. (Patrick Loraine, 2011 transcripción personal).

En muchas terapias el peso de la narración sobre la realidad es muy elevado, se entiende que cuando la persona que hace de rol de paciente habla sobre si mismo, eso tiene un efecto sobre su realidad. Es una opción trabajar directamente sobre el “yo”. Pero el “yo” a veces es frágil, y no podemos olvidar que tiene mecanismos de resistencia para no operar cambios cuando hay una terapéutica directa o demasiado avasalladora.

¿Porqué seguimos creyendo entonces que hay una “realidad real” y otra “realidad ficcional”? Si elegimos trabajar sobre la “realidad real”, ¿Porqué no elegir trabajar sobre la “realidad ficcional”. Esa realidad que deja a un lado la biografía del paciente, su autonarración, sus recuerdos (el recuerdo siempre es cambiante, inestable, inasequible, nunca es nítido).

El cambio, nunca empieza desde el “yo”, el cambio empieza sobre otras capas y cuando llega al “yo” ha superado cada una de las capas y casi es imperceptible para si mismo, es el otro que observa, el familiar, el amigo, el terapeuta, que puede vislumbrar que algo ha cambiado. En las terapias centradas en el cambio del discurso, este aunque no siempre sea fácil de cambiar, puede producirse sin que necesariamente se haya generado un cambio en el lado psíquico. Por ejemplo, yo puedo decir:

Me he dado cuenta que me deprimo por las tardes y le voy a poner remedio, sé que tiene relación con mi poca tolerancia a la frustración.

Yo puedo operar desde ese lugar en el que se manifiesta un cambio. Pero no por exteriorizar esa aparente concienciación no se va a operar el cambio cuando otro día vuelvo a hilar y a comentar que:

El otro día te dije que me deprimía por las tardes, sigo deprimiéndome y aunque sé (o más bien creo saber) de donde me viene no puedo pararlo.

Es aquí donde opera el límite, a pesar de ese supuesto conocimiento sobre uno mismo en la acción sigue repitiéndose una y otra vez el mismo patrón o síntoma. Y ese no poder frenar causa el malestar.

En una terapia psicológica, se iría trabajando desde lo que surja y traiga la persona que hace de rol de paciente, devolviéndole lo que se repite, lo que omite, o simplemente escuchando hasta que el paciente se sitúe de manera tal que pueda saber que es el mismo el que sostiene ese sistema porque aunque sienta malestar, ese malestar le provoca un goce (de lo contrario no se mantendría).  Solo un psicoterapeuta (cognitivo, psicodinámico, Gestalt, humanista, etc.)  puede indagar, a lo largo del tiempo e irle haciendo devoluciones que a la persona para que pueda resolver su malestar y compensarse suficientemente bien como para vivir.

¿Como se abordaría desde arteterapia bajo la “realidad ficcionada” ese malestar? ¿Y porqué es importante abordarlo desde la ficción?

Porque donde el paciente se encuentra con la censura, la represión y la dificultad, en el territorio de la ficción, aún cuando pueda haber un bloqueo, se trabaja directamente con lo simbólico y lo simbólico no tiene porqué remitir directamente a la persona. Funciona con otras reglas:

(…)trabajar alrededor de un objeto muy invertido, proponer traer un objeto personal, no le vamos a preguntar sobre cuál es el motivo de porque lo ha descrito, pero si las cosas formales, su peso, su materia, su posición en el espacio, cosas que parecen totalmente indirectas de la carga que tiene el objeto y después seguir con el trabajo a partir de eso. Por ejemplo a partir de la sombra, de la sensación, del peso, moverse con ese objeto, moverse sin el objeto. (…) [la carga] Está ahí, pero no se nombra. (Patrick Loraine, 2011 transcripción personal).

Ese malestar “el deprimirse por las tardes” poco a poco dejará de ser el centro del discurso del paciente, a medida que aborde ficcionalmente en distintas producciones distintos intereses que pueda tener.  Porque encontrará otras maneras de pensarse que van más allá de donde localiza o focaliza su problema. No será el arteterapeuta el que le diga “deja de deprimirte” o “te deprimes porqué“. Si no que le dirá “aparcamos aquí esa sensación, porque en este espacio trabajarás desde otro lugar que no se rige por las mismas reglas de la realidad“.

Si fuera un abordaje desde la escrituroterapia podría proponérsele que creara un diario ficticio de una persona que trabaja por ejemplo en una fábrica. Que hiciera una producción donde a partir de recortes de collage inventara un diario colocando por ejemplo fotografías simbólicas sobre su estado anímico y hablase inspirándose en esas fotografías sobre como se encuentra en el día a día el personaje.

Si ese diario se acerca demasiado a la persona se le propondrá que cambie de sujeto del “yo ese día fui a la fábrica, pero me encontraba muy cansado” por el “él ese día fue a la fábrica, pero se encontraba muy cansado” o bien el tiempo verbal “él irá a la fábrica, pero se encontrará muy cansado“.De manera que pueda experimentar y ampliar el registro para distanciarse.

En este ejemplo, como la mayoría que pongo son ficticios, muy simples y ciertamente no sucede así en una consulta de arteterapia, puesto que siempre se producen cuestiones que no pueden ser planificadas de antemano y por lo general  un tira y afloja entre el arteterapeuta, el paciente y la producción. Sucedería más de esta manera:

“no me apetece hacer ese relato, no le veo sentido”
“¿De qué te apetecería hacer este relato?”
“En realidad no quiero hacer nada, prefiero hacer otra cosa”
“¿Cómo por ejemplo?”
“Prefiero hoy dibujar de manera libre”.

Muchas veces hay que recuperar una producción anterior, supuestamente descartada para continuar con el proceso.  Hay que encontrar la manera de incorporar lo rechazado y lograr que la persona que hace de rol de paciente se implique. Esta implicación nunca es igual, fluctúa y debe escucharse para adaptar las sesiones. Cuando la persona se implica, generalmente hay un clima en que no existe el arteterapeuta, si no la producción. Seguramente en esos minutos de implicación el síntoma principal por el que solicitó una sesión de arteterapia “el deprimirse por las tardes” desaparezca o se olvide o incluso no se vuelva a nombrar hasta la sesión siguiente.

Porque a veces el pensarse, repensarse, y estar centrado en un discurso autoexplicativo resulta muy neurotizante. Impide que haya la distancia suficiente como para permitir que algo de lo nuevo pueda emerger.

En el proceso de testimoniar su producción, quiero alentarlo, sostenerlo para que tenga el marco suficientemente amplio y suficientemente estrecho para que pueda colocarse en un rol de creador. Me gustaría que transitara del “yo no sé, yo no puedo” al “yo no sé pero siento placer creando en este momento”.

Quizá con el tiempo no se haya solucionado el que se pueda deprimir por las tardes, pero quizá tampoco se haya magnificado y quizá pueda convivir con ese malestar, sin que le paralice.

Consignas, propuestas, pretextos y otras excusas en artererapia

Hoy quisiera hablar sobre las consignas en arteterapia. Lo traigo a colación debido a que este sábado pasado realicé mi primera sesión formativa con el fantástico grupo de arteterapia Marabal 2015-2016.

Cada año me sorprende ver la potencia que tienen los y las alumnos/as. A veces me pregunto ¿Tengo algo que compartir? ¿Cuál es mi saber? ¿Es interesante mi saber? Y lo cuestiono múltiples veces porque nunca he acabado de sentirme cómodo en el rol de profesor. Aunque últimamente pienso que lo interesante de estar en un rol de profesor no es tanto el saber que compartes, si no la subjetividad que compartes sobre tu experiencia. Esa subjetividad que tiene algo de particular puede moverse y cuestionarse. Un profesor incuestionable no me resulta interesante, me interesa un formato de profesor dialógico.

Es a partir del cuestionamiento de varias alumnas en el apartado de cierre de la sesión que traigo la reflexión sobre lo que he titulado “ Consignas, propuestas, pretextos y otras excusas en artererapia

Durante la sesión formativa propuse un pequeño viaje imaginativo el cual iba narrando “in situ”. Ese viaje era particular para cada alumna. Emitía preguntas abiertas (o cerradas según se mire) del tipo :

¿Cómo se encuentra ese ser? ¿Cómo es el pueblo donde vive? ¿Cómo respira? ¿Tiene necesidad de cazar? ¿Cómo se defiende?

Era una excusa para que luego comenzaran una propuesta plástica. Pero resultó que más o menos la mitad de las alumnas se sintieron cómodas con mi narración y la otra mitad incómodas. La incomodidad nacía por no dejar espacio para que su imaginación y subjetividad ocupara ese espacio visual, y eran mis palabras las que interrumpían su proceso de interiorización para la creación de ese ser inventado. Sin embargo otras aducían que precisamente esa retahíla de preguntas les permitía adentrarse de manera más cómodo en esa propuesta de imaginación.

Evidentemente yo opté por hacerlo de esa manera pensando que era una opción que podía aglutinar al máximo de alumnas, pero sabiendo que muchas no se sumarían porque no requerían de ese soporte para poder iniciar el proceso propuesto. Así que a partir de esa crítica reflexionamos conjuntamente sobre las consignas.

¿Qué particularidades tiene una consigna/pretexto/excusa en un proceso de arteterapia?

La consigna nunca la recibe igual cada una de las personas
La consigna tiene que ser lo suficientemente abierta y lo suficientemente cerrada para permitir que se inicie el proceso de expresión/interiorización/creación
La consigna a veces es opaca (por más clara que parezca ser)
La consigna, cuando proviene de la persona que hace de rol de profesor, tiene implícito algo del orden del poder y límite
La consigna puede ser desobedecida

Son esos pretextos, consignas y excusas uno de los primeros nexos de unión con el otro en el espacio arteterapéutico. Pero también es a partir de la negación al pretexto, consigna o excusa que se puede empezar a trabajar.

No se trata de lograr tener grupos de pacientes sumisos, que se adhieran a cualquier propuesta para erigir al arteterapeuta como un semidios que todo lo sabe. Se trata de que siempre el otro, desde su autonomía, empoderamiento, subjetividad, y derecho a la sublevación cree sin necesitar de las consignas del arteterapeuta.

Por eso cuando los alumnos me cuestionan, aunque una parte de mi se sienta vulnerable (no creo que haya personas inmunes a la crítica), es interesante explorar y revisualizar ¿Qué ha sucedido? ¿Cómo me he sentido? ¿A donde apela su crítica? ¿Es posible haber hecho la consigna de manera más ajustada?

Y me encantó cuando una alumna comentó que ella por lo general tenía problemas con las consignas, que tenía tendencia a transgredirlas y a salirse de ellas.

A partir de aquí en la modalidad de arteterapia desde la cuál trabajo, la consigna, pretexto o excusa, es un inicio, incierto y desde la incertidumbre, especialmente cuando se inicia el proceso arteterapéutico, que no sabe a donde se dirige.

Cuando comienzo con un nuevo paciente no sé cuál es la dirección, no sé a donde sopla el viento, ni si lo que estoy haciendo irá a favor o en contra de la producción del paciente. Propondré una consigna, sencilla, fácil, clara, y lo más simple posible, para luego intentar complejizarla.

Y será la respuesta del paciente la que me indicará siempre la dirección, junto a la respuesta en su producción artística. Esas serán mis guías.

Cada nuevo “no” a una propuesta orienta, cada nuevo “no” a un material plástico orienta, cada nuevo “no lo sé” orienta. Cada no, con su resistencia, se rodea para permitir que el paciente pueda estar, desde su construcción, desde sus propios cimientos.

Y no quiero olvidarme, porque de hecho es una opción política de estar, que cuando acompaño no poseo la verdad, la “verdad” esa “verdad subjetiva y particular” además de ser modulable y contextual, le pertenece al paciente y no es cognoscible por el arteterapeuta.

Precisamente porque no creo que haya una verdad objetiva, separada, que me propongo estos procesos dialógicos, este espacio de blog, para compartir también mis modulaciones, dudas, reflexiones sobre el ámbito de arteterapia, para ser contestado, criticado, para recibir propuestas, y para dar circulación a mis deseos de compartir de la manera más honesta posible aquello que me está sucediendo o me sucedió.

Lo ritual en arteterapia

 

Hoy tenía reunión con Nuria Banal en relación a la formación de arteterapia. Tuvimos que adelantar la reunión por cuestiones externas.

Aquellas personas que me seguís sabéis que la formación en la que participo no habilita para ejercer de arteterapeuta si no para acompañar procesos creativos (no terapéuticos).

Dentro de la formación por un lado estoy llevando la parte teórica de la formación. Este año como novedad en lugar de ubicarla en el espacio de blog de Arteterapia Marabal  decidimos crear un grupo secreto de Facebook solo para lxs alumxa y profesorxs. Como he ido compartiendo decidimos crear un grupo de Facebook público para que todas las personas que trabajáis u os interese el campo de las terapias creativas podáis participar. De momento el grupo está poco dinamizado pero como es un espacio de todxs pues no es necesario que haya un/a líder.

En la propuesta de Facebook cada mes comparto un texto relacionado con la arteterapia y propongo que cada alumnx haga un proceso de reflexión respecto al mismo que enlace su experiencia en las clases, con su experiencia subjetiva/laboral, etc.

Os habréis fijado que estoy utilizando la X en lugar de la a/o para dirigirme a género masculino o femenino. De esta manera cada lector/a puede escoger la vocal que más acorde le parezca. No es algo que me haya inventado yo si no una propuesta para politizar un poco el género en el discurso. Una posición que me gusta explorar y que me hace sentir cómodo.

El sábado 23/01/2016 participaré en la primera sesión conjunta con Nuria Banal en la que trabajaremos el ser en relación a sus múltiples posiciones. Este trabajo lo abordo desde una propuesta danzada y de escritura. Cuando la primera parte está acabada finaliza en una especie de performance. Parte de lo individual, el trabajo de interiorización con el yo, a un trabajo grupal, en que se presenta al resto del grupo el trabajo abordado. No propongo trabajar el “yo” desde “la persona” si no a partir del “ser” que cada unx crea en el proceso. Aunque pueda sonar críptico, es una propuesta simple y sencilla. No doy más detalles puesto que son internos de la formación.

En todo caso hablando con Nuria, apareció como asunto el “ritual”. Yo no soy antropólogo y desgraciadamente no dispongo de formación al respecto. Como mucho durante mis estudios de educación social abordamos conceptos de antropología, también durante mis estudios de artes visuales y educación (en este último caso se abordó una posición muy crítica, fruto de la cuál estoy reformulando mi posición de una manera más clara y menos anodina).

En todo caso es interesante en esta formación y creo que en todo proceso arteterapéutico, que se de algún tipo de proceso simbólico que desemboque en lo ritual.

Lo ritual que propongo es un espacio de juego ritual, un espacio en que la persona se coloca en una posición de simbolizar algo, que por supuesto tiene algo de repetición, se le propone a la persona crear, entre otras cosas, la danza ritual de un personaje que representa a su pueblo. Cada alumnx creará un contexto plástico (instalación), una historia y una vivencia inventada de este hecho.

A veces se confunde en arteterapia lo ritual con la repetición de un mismo esquema al inicio de cada sesión. Esto lo critica el arteterapeuta Patrick Loraine diciendo (traduzco a mi manera sus palabras) que el hecho de comenzar una sesión de arteterapia siempre utilizando música de relajación y pidiendo a la persona que se tumbe en una esterilla para relajarse ¿A quién responde? ¿Al deseo del arteterapeuta para sentirse más cómodo o al deseo del paciente para relajarse? ¿Y aquellos pacientes para los que relajarse no implica escuchar música tranquila o estar tumbado pensando en diferentes partes de su cuerpo?

Esto último es lo que no quiero. Cuando me refiero a ritual, es a que dentro de un marco (en este caso formativo) pueda trabajarse desde un personaje y ritualizar un hecho, una cuestión simbólica, mediante por ejemplo la creación de una danza que esté ligada a  una instalación como dije anteriormente.

Pero utilizando el término “lo ritual” no puedo evitar el hecho de darme cuenta de cuál es mi concepción de lo ritual y cuál es mi posición de entrada. Nací en Barcelona, soy “hombre” “blanco” y mi posición además es “eurocéntrica”.

Que quiero decir? Pues que tengo la concepción errónea de que aquellas culturas más cercanas a la economía de subsistencia, suelen mantener más sus ritos simbólicos.  Este pensamiento, que me hace sentir incómodo, sea como sea, me hace pensar que cuando se propone un juego de ritualización dentro de una formación; hacer una performance, etc. Se pretende llegar a otro lugar.

A pesar de ello, lo que pretendo es que la persona al construir un personaje alejado de quién “verdaderamente” es pueda llegar a espacios desconocidos y a la vez, para algunas personas se haga más fácil abordar sentimientos/emociones/situaciones que no harían desde su “yo subjetivo” o lo que consideran que es su “verdadero yo”.

Así que Nuria Banal y yo, con nuestros límites, y nuestras concepciones un tanto arcaicas, planteamos la importancia de recuperar lo ritual, la ceremonia, en un espacio arteterapéutico. puesto que permite solemnizar y simbolizar. Permite que la persona se sitúe en otro estado y a la vez represente con su cuerpo, voz, tono, una ficción que en ese momento sea lo más importante que haya, dejando a parte o suspendiendo todo lo demás.

Cuando se crea desde ese lugar de máxima importancia, ese pequeño viaje a lo ritual, aunque sea desde la fantasía de lo que es ritual en cada unx, lo que se presenta y muestra tiene una contundencia inusual, que la persona que está en rol de público/observador nota, porque lo estira, lo vapulea, lo inquiere.

Iniciando un nuevo camino. Primera sesión de introducción de Arteterapia Marabal

Este sábado 15 de noviembre hicimos el primer día de la formación de arteterapia.
Pude observar un grupo parece muy diverso, muy profesional y muy interesante. En cuanto a la formación o profesión de base hubo de todo: personas que estudian medicina, cuatro educadores sociales -lo cuál me hace feliz porque es mi profesión de base-, una persona especializada en bellas artes, una profesora de danza, otra persona especializada en artes plásticas, una profesora de educación infantil… (¡espero no olvidarme de nadie!).
El reto cada año es muy elevando. Nuevas personas que SIEMPRE nos hacen replantear nuestra modalidad de acompañamiento y nos cuestionan como profesores. No es posible quedarse al margen de esa interacción, el aprendizaje y los retos están asegurados y a veces, claro que si, tenemos dudas.
El viaje, como bien dijo Oscar Galindo es compartido. No por querer ser profesores de “buen rollo” si no porque nos encontraremos con lo incierto tanto los alumnos como los profesores y deberemos resolverlo entre todos. Cada uno, por supuesto desde su rol y su papel, pero se trata de estar presente cuando algún alumno pueda tener dificultades, y también, como no, cuando algún profesor pueda tenerlas.
Queremos ser lo más honestos posibles, y no quedarnos anclados en una formación que no se cuestiona. Nuestra formación está viva y así debe ser. Aunque sea una formación modesta en cuanto a su presupuesto y la cantidad de horas ofrecidas, creemos que tiene la suficiencia como para que puedan adquirir conocimientos reales, tanto experienciales como teóricos entorno al acompañamiento (no terapéutico) artístico/creativo de distintos grupos.
Así que desde aquí quisiera agradecer a cada alumno y alumna que haya apostado por esta formación y también deseo que haya valido la pena la apuesta, que se produzca aprendizaje y que se de un cambio que deje algún tipo de poso en la persona. Para poderse preguntar:
¿Qué me trajo a este lugar y qué me llevaré cuando finalice este proceso?