Acumulación e identidad: Francesc Torras

Uno de los asuntos que me perturban es la acumulación, tanto de objetos digitales, como de objetos físicos. Y después la ordenación, categorización de los mismos. Ya sea en carpetas digitales, como en estanterías, cajas con etiquetas, o archivos comprimidos.

La acumulación que se desborda, y la posible ordenación, que no deja de ser un intento de ordenación fatídico, puesto que cada vez que se mueve un objeto de lugar, hay que repensar la arquitectura general.

Sería un nefasto interiorista, puesto que hay que tener una mentalidad espacial muy desarrollada, por eso adoro las personas que en seguida ven la distribución de los espacios, las luces y las sombras y saben repartir armónicamente los objetos por el lugar, creando algo diáfano de lo que parecía recargado.

En el MACBA visité la exposición de Francesc Torres: La campana hermética. Espacio para una antropología intransferible. Se anuncia como una acumulación de más de 3500 objetos. Según el folleto para la prensa:

Se trata de hacer evidentes y exponer a la luz pública aquellos sedimentos de memoria, aquellos desencadenantes de pensamiento crítico, aquellos objetos testigos de vivencias intransferibles del artista que constituyen un documento antropológico. Cinco torres desgranan los temas, los conceptos que conforman el mundo que ha originado las obras y los textos del artista: la historia, la memoria mediatizada por restos procedentes de conflictos bélicos, juguetes y herramientas de aprendizaje de los patrones culturales hegemónicos en el momento de formación de cada generación, entre otros. Lejos de funcionar de manera aislada, estas torres están enlazadas por unas pasarelas que las comunican, como neuronas conectadas por múltiples sinapsis.

Es una instalación, donde los objetos están distribuidos en vitrinas con diferentes estanterías. Además estas aparecen interconectadas entre si y el alrededor está plagado de pantallas con imágenes de distintas épocas. La temática gira en torno a objetos que ha ido acumulando Francesc Torres y ha distribuido a su antojo, a partir de su lógica. Hay algo que me resulta de interés en la exposición, y es que cada cierto tiempo Francesc Torres, cambia algunos objetos de lugar, creando nuevos espacios.

Hay baldas llenas de coches (taxis, deportivos, utilitarios), tanques, pistolas de juguete, revistas de moda… Otros espacios con objetos de la guerra civil española, des de cascos con agujeros de bala, pasando por latas abiertas y oxidadas que recogió en el Delta del Ebro. También enciclopedias, y otros enseres.

Francesc Torres. La campana hermética. Espacio para una antropología instransferible”, 2018. Foto: Miquel Coll

 Da la sensación que te ubicas en la mente del artista, transitas por sus lógicas y como espectadora entras en un diálogo constante.  Te remite a tus propios objetos, a los objetos de tu propia época, a los que habrá a lo largo de tu vida.

Como la identidad va variando y las épocas marcan una serie de discursos: des de la aceptación de la guerra a partir del juego con pistolas de agua, muñecos de indios contra los americanos, pasando por los tanques de juguete, y después los objetos cuya historia se han desfigurado.

Con respecto a la guerra civil española, la guía comentaba que a Francesc Torras le interesaba la idea de pensar en las latas de atún abiertas, preguntándose qué habría sido de esa persona, al igual que los cascos agujereados por la bala, como una especie de suposición sobre lo que habría sucedido.

Junto a la entrada se repartía un folleto, con comentarios del artista, el primer párrafo me interesa porque habla sobre la ficción del arte, y a la vez de los dispositivos artísticos. Hay que recordar que fue el propio museo del MACBA el que le encargó la exposición:

Propongo que lo que oficialmente mostramos como artistas sobre la arena social es tan solo una imitación de todo lo que, por una razón u otra, consideramos problemático, muy veraz, sin filtros, revelador de lo que realmente nos ha hecho ser como somos, en tanto que sujetos sociales, políticos y artísticos.

Se supone que nuestra obra es una imagen especular de nosotros mismos, pero como todo lo que refleja un espejo, como si fuera una fotografía de estudio, se ven los excesos de carmín, de maquillaje, de ese lado que más nos favorece y supuestamente disimula el ridículo implícito de toda proyección social de aquello que no somos del todo.

No digo que la obra de un artista sea necesariamente una mentira, que lo es; también es una gran verdad, pero después de recibir las puntadas de un sastre del lenguaje y de la manipulación simbólica. Se trata de una servidumbre más del ser civilizado, en concordancia con lo que dictan las normas de urbanidad que exige la barbarie.

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Diarios Personales. El arte de retratar el paso del tiempo

Diarios personales el arte de retratar el paso del tiempo

¿Que se piensa cuando se habla de escritura autobiográfica? Quizá, en aprender a narrar la propia vida, pormenorizando en una especie de secuencia cronológica, aquellos hechos que subjetivamente hayan sido importantes. Pero qué sucedería si en un taller llamado, por ejemplo Diarios personales. El arte de retratar el paso del tiempo te propusieran una deconstrucción del proceso subjetivo de vivir. Así empieza el taller:

A menudo, las personas vamos por la vida construyéndonos un relato (ficticio o real, ¿quién lo sabe?) que nos ayuda a dar sentido a la existencia y a registrar el paso del tiempo. A veces, este trabajo se materializa en forma de diario. Así, llamamos diarista al individuo que se esfuerza por confeccionar cuadernos donde anota los hechos diarios y a la vez sus propios pensamientos.

También el artista se afana a captar el paso del tiempo usando técnicas y materiales que conoce o quiere experimentar (fotografía, pintura, grabaciones sonoras, escritura, etc.), quizá para darse cuenta de la evolución o para buscar los porqués de su obra, aunque algunos creadores se enfrentan a esta tarea desde la realidad y otros lo hacen desde la ficción.

Sucede que hay un momento de incomodidad, de duda, de no entender lo que sucede y también de agudizar la inteligencia creativa. Había un conjunto de personas provenientes de diferentes ámbitos deseosos de ponerse a escribir con locura sobre libretas. Y a cambio  Magalí Oms i Roser Ros de Tantágora nos invitaron a partir de la perplejidad, guiada y estructurada a iniciar la búsqueda. Cuatro sesiones, durante los viernes del mes de mayo de 2013 de 17:00h. a 21:00h. Y ahora me veo en la tesitura de cómo explicar el taller, si debo explicarlo tal cómo yo lo viví, tal cómo pasó, a través de imágenes o de ninguna de las maneras anteriores. ¿Porqué? Porque lo más interesante del taller, era precisamente aquellas frases y preguntas que introducían Magalí Oms i Roser Ros con respecto al concepto de:

REALIDAD y FICCIÓN

¿Es más real contar los pasos que hay desde mi casa hasta el museo del MACBA que explicar cuantas veces he parpadeado mientras escuchaba los pasos de un compañero yendo hacia el baño? ¿La escritura debe estar basada en la realidad? Y si ese es el caso ¿Qué es la realidad? ¿Vale la pena explicar cronológicamente aquello que ha sucedido a lo largo del día? ¿Es más verdad la pieza musical de John Cage, titulada “4:11 -que no tiene contenido sonoro- que una pieza musical al azar de otro autor que contenga un sonido específico?

Un debate centrado en ver cómo otros artistas se aprovechan de la realidad y de la ficción para mostrar recorridos de sus vidas, singulares e interesantes, como Sophia Calle, Eulàlia Grau

Eulàlia Grau Etnografia

El penúltimo viernes fue una maravilla, pudimos entrar en el archivo del MACBA y ver distintos libros de artista. Además de “publicaciones” que son aquellos objetos cuyo formato no se ajusta exactamente al de un libro. Entramos en una sala donde había sobres de papel neutro y una temperatura específica para la conversación del material. Después con guantes en la mano pudimos rastrear, cómo investigadores, las distintas propuestas creativas.

El primer día registramos una obra expuesta en la pared del MACBA y la traducimos a sonido, para después construir poesía a partir de ese sonido.

El primer día dibujamos 7 armarios dónde colocamos distintas palabras.

El segundo día, ¿qué sucedió el segundo día? ¿Porqué se pasó de una fotografía a una obra, y de una obra en la siguiente sesión, la tercera, la de la visita al archivo del MACBA, Magalí rompió todas las producciones que habíamos hecho el día anterior dejándonos perplejos. ¿Qué sucede cuando un otro, rompe tu producción y la del resto de personas de un grupo?

producción destruida

Se podría decir, que el taller, fue una provocación encubierta, mediante una estructura simbólica interna ligada, pensada y a veces encorsetada. Y siempre, cada uno de los días, mientras estábamos en la biblioteca del MACBA -lugar dónde se produjeron la mayoría de propuestas- se escucharon los sonidos de personas yendo y viniendo en monopatín.

archivo MACBA

El último día, nos sentaron y nos pidieron que trajéramos distintos objetos para una subasta mediante garbanzos. Acabé quedándome una caja de bombones redonda. La propuesta era que a partir de un texto en formato poético, que había realizado entre la primera y segunda sesión, ubicara una forma plástica en la caja. Antes debía adecuar el texto a la forma plástica y la forma plástica al texto. Por lo tanto debía pasar por el confesionario. ¿Qué es el confesionario? Un espacio dónde se dividía la parte textual, a consultar por parte de Roser Oms y la parte gráfico-plástica a consultar por Magalí. ¿Qué sucedió? Que hasta que no te daban la conformidad cada una de las personas, no podías iniciar el trabajo.

Armalabrario

Se trató de un verdadero atropello a la creatividad y a la imaginación, un cinturón casi de castidad que impedía que las personas pudiéramos ir y venir libremente. A la vez, esa coerción hizo que no quedara nadie anclado en el texto, si no que fuéramos al metatexto y a la metáfora. En el juego, todo son las normas, y Tantágora jugó inteligentemente con las normas, normas arriesgadas, no siempre fáciles, y que debías ir sorteando una a una. Cómo los héroes de los cuentos.