Demencia frontotemporal

 

Ingresa R en plaza de residencia geriátrica. Tiene unos 65 años. Lxs auxiliares de geriatría me dicen que suele estar apático y que no entiende nada. Hablo con su mujer que me dice que en otros lugares no ha recibido estimulación. Ella viene por las tardes para que camine y le de el aire. Según su diagnóstico tiene demencia frontotemporal.

Habitualmente en esa planta, es de residencia geriátrica y es dónde suelen ubicar a las personas que tienen más trastornos físicos y psíquicos,  suelo hacer tres veces por semana estimulación cognitiva oral y dos veces algo parecido a expresión plástica.

Observo R me mira y que tiene colocado un cínturon de contención abdominal.

Según me cuenta A -auxiliar de geriatría- si lo desatan se pone a correr. También observo que repiquetea con la mano en la mesa, mueve las piernas y da palmas cada cierto tiempo mientras emite un sonido cercano al de un gemido.Pasan las semanas y me doy cuenta que R puede hacer algo aunque no sé muy bien el qué.

Cuento con poco material y sobretodo producto de donaciones individuales. Es material totalmente infantil. Escojo una caja de madera que tiene casas del mismo material de distinto tamaño y con tejados rojos.

Le digo a R que me disculpe por dejarle algo tan infantil pero que creo que me escucha y me entiende y a ver si se le ocurre hacer algo con lo que le he dejado, lo que sea. Me voy con el grupo de estimulación cognitiva moderado para hacer estimulación cognitiva oral y al cabo de un rato observo que ha sacado las casas y las ha distribuido encima de la mesa. Me acerco y le digo que otro día le traeré el mismo material.

La semana siguiente se lo presento y le dejo un trozo de esparadrapo. Le sugiero que pegue las casas sobre un papel en blanco como si fuera un pueblo. Al cabo de un rato veo que ha utilizado el esparadrapo para pegar las casas, no sobre el papel, si no unas con otras.

Pasan las semanas y me dice la mujer que lo encuentra más despierto. Le explico un poco las actividades que realiza y se queda sorprendida. Le explico que quiero ver como funciona la pintura con él a través de mandalas -no son de mi devoción pero es un material con el que empezar-. Me dice que no cree que pueda sostener el pincel o entender la pintura.

Le dejo cuatro potes con pequeños con colores primarios y le digo que puede utilizar los colores de la manera que quiera. Sostiene el pincel y pinta durante aproximadamente cuarenta y cinco minutos. Una parte del mandala está pintada con mucho cuidado, en la otra ha realizado lo que parece una mancha roja.

Parece que se siente interesado por los trabajos de construcción. Hay un puzzle con forma de cuadrado. Coloca cada pieza una encima de la otra, como haciendo una torre, y coloca espadrapo encima. Me gustaría hacer un buen seguimiento individual.

Otros días intenté que realizara pintura pero se encontraba bastante cansado y a veces confuso. Lo que si sé es que me reconoce y siento que hay algún tipo de vínculo entre los dos. Le pido a lxs auxiliares de geriatría que no lo dejen aislado por el hecho de dar palmas o emitir sonidos, que intenten dejarle algún material y siempre que puedan que le suelten el cinturón de contención para que pueda caminar -ellxs tampoco tienen demasiado tiempo-.

Hay algunas personas que requieren un acompañamiento individual, el famoso caso por caso. Pero tengo otros 70 pacientes, de los cuáles tengo que hacer PAIS -en el caso de las personas de plaza geriátrica- o historial clínico de las personas de plaza sociosanitaria. Creo que hay que contemplar el trabajo individual en pro del trabajo grupal, especialmente en casos dónde por las singularidades de su estado cognitivo, un acompañamiento grupal no da iguales resultados.

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Residencias geriátricas: de sujeto a objeto

Cada persona a su paso, a su ritmo

Me apasionan las personas mayores. Todavía no acierto a saber el motivo pero me sigue sucediendo desde que comencé el trabajo con ellas hará como cinco años. He trabajado en centros de día para la tercera edad, centros sociosanitarios, residencias para personas mayores, pisos tutelados y en la actualidad dinamizo un casal de personas mayores en el barrio barcelonés de Bon Pastor.

Pero de todos los lugares en los que he trabajado donde más dificultades de articulación y diálogo encuentro es en centros de día y residencias.

¿Qué funciones debería realizar el educador social en el ámbito geriátrico?

Y aquí contestaré de manera rotunda: las que el equipo de supervisión y dirección pautan o creen que son las idoneas.

¿Porqué sucede esto? Porque todavía desconocen la idiosincrasia del educador social. Esperan un animador que movilice a la máxima cantidad de personas sin importar la calidad de esta “animación”. Desconociendo la importancia del animador, término que refiere “al que mueve el alma”.Esperan que se desplieguen fuegos artificiales, manualidades infantiles, macramés, pero eso si, de material reciclado, que no tengan un sobrecoste económico. Esperan celebración de cumpleaños, planificación y calendarización pero eso si, sin ofrecer tiempo real para la gestión, sobrecargando de actividades sin corazón. Esperan reuniones interdisciplinales pero sin tiempo de planificarlas y analizar el caso por caso. ¿Alguien logra leer los seguimientos que cada profesional anota en las historias?

Y como les explico que una persona mayor no es un objeto pasivo sin capacidad de decisión o un receptáculo cuyo cuerpo no domina. Entran como sujetos y pasan a formar parte de horarios que no eligen, que si gimnasia, manualidades… siguiendo el planning escolar. De hecho no pocas veces las personas mayores me llaman profesor y me piden puntuación “lo he hecho bien?…”

Pero hay que pensar que esos sujetos cuyo cuerpo ya no les pertenece (en parte) son llevados al baño a unas horas pautadas tengan o no tengan ganas, contenidos con cinturones, (poli)medicados, etc siempre por criterio de otro: el médico decide A, el equipo de fisioterapia B, el animador C… y no pueden participar en ese proceso electivo. Pasan de sujetos a objetos cuando se acerca el final de la vida.

Entonces la tesitura en la que me encuentro, cuya importancia es fundamental sería, ¿Se puede hacer una labor pedagógica con el equipo de dirección? ¿Es posible advertir a la dirección del centro geriátrico, que funciona a modo de negocio y comercio de seres, que resignificando y dotando a la institución de diálogo puede mejorarse sin perder ese ápice comercial?

Y no pocas veces he fallado y me he rendido ofuscado, impotente, ofreciendo actividades mediocres cuando de lo se trata, para el educador social, es de la creación de un vínculo particular con cada residente, el empuje para que cada cuál cobre la autonomía sesgada, ya sea por orden físico (alzheimer, demencia, hemiplejia, fractura de femur) o bien debido a la institución. O bien pueda mantener al máximo la dignidad y tener un trato que de nuevo le recuerde que su trayectoria, su biografía todavía estan en marcha y que una vida es importante por lo tiene de saber subjetivo, de recorrido.

Y me repito a modo de mantra: “hay que remar a favor de la institución, no en contra”.

¿Dónde sitúo los objetivos para que el sujeto tenga a su disposición los saberes de su época, de su cultura, de su tierra? Que pueda contactar con otras entidades, disminuir el aislamiento social (término que parece cajón de sastre cuando no se sabe que decir) con personas más allá de la residencia sin que se quede en el “traemos el coro de niños porque así se lo pasan bien”.

¿De verdad alguna de las personas de dirección, supervisión o equipo técnico (dentro del cuál está el educador social) querría este entretenimiento vacuo a las puertas del haberno?

Me encantaría que llegara el día en que la muerte se tratara de forma seria, no negándola si no acompañándola, dando calidad a los años en lugar de como dice Christophe de Vareilles quedarnos en la respuesta efectiva (donde solo priman los test, indicadores y objetivos no para el residente si no para la cosificación del mismo) para pasar a una respuesta significativa del orden de lo particular (donde prime la escucha, la atención, el intercambio y la aceptación de lo que nos hace humanos: nuestra capacidad para decir NO).

Porqué poner el señuelo de la seducción para convencer a ancianos de 92 años, que se encuentran mal animica y fisicamente para rellenar cuadrículas de cuadros, asistencias que jamás podrán justificar la realización de una actividad. Visibilizan la decadencia de un sistema y la inseguridad de una institución que no sabe donde poner el acento.

¿Cuanto tiempo de escucha real ofrecemos a las personas mayores en el cuál no haya una conversación superficial? ¿Nos interesan los discursos de nuestros mayores sún cuando hay afasia o un discurso delirante o repetitivo?

Me gustaría que se humanizaran los geriátricos pero a día de hoy solo puedo decir que no he encontrado el centro dónde puedan comprendan o acepten este discurso. Es más he vivido ataques por intentar realizar talleres con grupos reducidos de personas o por criticar la decoración de patitos coloreados de alguna planta.

Tenemos la obligación moral de participar en la creación de otro tipo de instituciones que sean capaces de creer en los datos cualitativos de mostrar que no es necesario arrebatarle el ritmo interno al residente para acelerarselo con palmas y musica, si no estar atento por saber que intereses, proyectos, ideas tiene cada persona.

Pero para eso es necesario invertir tiempo, disponer de personal cualificado y creer que otro modelo de atención es posible.Mientras tanto los geriátricos taparán agujeros y parchearán insuficiencias ofreciendo sucedaneos a coste de oro.

No trabajo con grupos, trabajo con personas. Y si se va a ver la persona asimilada por el grupo y engullida por la institución no seré yo partícipe de perpetuar este modelo de “atención”.
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