Investigando conmig@ mism@

Durante una temporada, debido a una caída y la posterior fractura de mi muñeca izquierda, tuve que realizar un parón obligado. En ese parón, además de estar en contacto conmigo mismo, aproveché para leer diversos libros que tenía pendientes:

-El camino de la Fotologia : de las fototerapias a la fotografía  de David Viñuales

El entusiasmo de Remedios Zafra

La furia de las imágenes de Joan Fontcuberta

Encuentro con la sombra: El poder del lado oscuro de la naturaleza humana de Connie Zweig

Louise Bourgeos de Patricia Mayayo

Todo apuntaba hacía una misma idea, idea repetida en mi cabeza, cuya respuesta era por falta de tiempo:

¿Por qué había parado de crear?

Era una pregunta que me hacía muchas veces… ¿Qué es lo que me frena para realizar un proceso de creación por y para mí mismo? Es cierto que el hecho de trabajar tenía algo que ver. Durante ese tiempo trabajaba a jornada completa con personas que tienen problemas de drogas y/o toxicomanías en Capacitats21. Ese tiempo invertido en el trabajo consumía una energía y la restante la usaba para intentar despejar mi mente y responsabilidades cotidianas (comprar, limpiar, cocinar…).

Llevo años reflexionando sobre cómo afectan a la atención y al estado anímico, las nuevas tecnologías, las plataformas VOD (video bajo demanda), la presencia de Internet las 24 horas en todo tipo de dispositivos, y el exceso de procrastinación debido al mismo hecho. Surge una especie de diógenes digital, una acumulación en todo tipo de plataformas online, redes sociales, fotografía móvil, memes, correo electrónico.

No existe el producto físico en el ámbito digital, no existe mi mano tocando la fotografía que he hecho con mi smartphone, además, la memoria olvida pronto la bacanal de fotografías producidas en un mes, incluso en una sola semana o día. Estas quedan almacenadas en servidores de países extranjeros.

En mi infancia, no existía internet, habían ordenadores bastante limitados, por lo tanto la base de mi juego consistía en lo analógico, sobre todo: plastilina, dibujar, bailar, cantar, tente, lego y playmobil. Solía inventar comics y también revistas ficticias, con noticias ficticias, héroes, monstruos, coches, narraciones con la máquina de escribir Olivetti de mi madre.

Poco a poco, a medida que fui creciendo, el ordenador conectado a Internet, inrrumpió como dispositivo todo en uno. Al inicio o bien lo conectabas a Internet o bien hablabas por teléfono fijo con familiares y amistades. No eran compatibles ambas acciones.  Y en poco tiempo, las pantallas fueron nuestra vida casi al 100 por ciento. Y todo es compatible, instantáneo, alcanzable, inmediato.

Un parón que revitaliza

Para cuando caí con la bicicleta al suelo, ya sabía que ese era el único parón que me permitiría detenerme de verdad. El parón me permitió, primero recuperar mi mano izquierda de la atrofia generada por la inmovilización de la fractura. Para ello debía ir dos horas cada día al centro de rehabilitación. Allí estaba prohibido el uso de móviles, leer revistas o cualquier actividad que no fuera dedicarme en cuerpo y alma a mi mano izquierda.

Ante tanto silencio, la falta de ir a trabajar debido a la baja,  acabó surgiendo en mi la necesidad de crear.

Porque si algo tiene el silencio y el monólogo interno es que permite hacer emerger lo que duele, moviliza lo que está anclado y siempre he utilizado el medio artístico para construir, destruir, desmembrar, entender y desatender la realidad.

También me atreví a probar una nueva herramienta, la fotografía, que tantos años había desechado pensando que no tenía talento. Si algo permite el arteterapia es utilizar los distintos lenguajes artísticos en beneficio propio.

La necesidad de un tiempo de creación para uno/a mismo/a

Puede parecer una obviedad, pero a veces, cuando se acompaña a otras personas en dificultad, uno se olvida de la importancia del propio acompañamiento artístico/creativo.

Es la típica frase de en casa del herrero cuchara de palo. Y pocas veces me he colocado en un proceso de creación que no involucre acompañar a otros, ya sea grupos, personas, talleres, formación, charlas, etc. Pero ese proceso de creación en soledad es tan interesante, productivo, valioso, nutritivo y necesario como acompañar a los demás.

Llevo años queriendo hacer una especie de esculturas sobre momentos de mi vida que han sido significativos para mí. Cómo si fuera una especie de trailer cinematográfico con objetos que me han marcado, pero objetos que estén velados y puedan ser interpretados libremente por las diversas miradas que puedan recibir.

Entonces, como muchas veces que me pierdo en el camino,  acudí a Louise Bourgoise. Ella, que jugó con las palabras, que reparó escenas de su vida, que revisitó una y varias veces, creó las celdas, arañas gigantes, jugó con conceptos psicoanalíticos…¿Y para qué hizo todo eso? ¿Para qué inventó objetos?

En una sociedad de la superproducción, de la exposición constante, de la necesidad de no parar… he redescubierto que parando emerge lo necesario. Creo que hay que redescubrirlo cada cierto tiempo, porque esta sociedad apaga los motores del deseo subjetivo, para encender  deseos ajenos, más vinculados con la industria que con un@ mismo.

Y reitero parando, porque no es haciendo. Es el parón, la hoja en blanco, el espacio de antiproducción, una especie de hueco profundamente contrario a la lógica capitalista y neoliberal de la venta constante de uno mismo como profesional altamente cualificado.

El encargo

Dentro de la inventida y del recorrido simbólico, he creado un título, una demanda, y fantaseo con espacios dónde exponer esas obras, colocándome en un rol de artista que investiga y da cuenta de lo humano y de lo indecible. A veces lo pequeño, lo mediocre, lo inacabado, el artbrut, genera ondas en el agua que pueden ser liberadoras.

A la hora de ir creando el proyecto de El Encargo, pensé ¿Quiero que estas producciones puedan ser vistas por los demás o solo en el espacio privado de mi casa? ¿De qué habla El Encargo? ¿De mí, de la sociedad, del contexto, de la historia, de Barcelona, de la vida?

El encargo es un anclaje con la vida, una invención, una manera de transformar la mierda en fertilizante, y no deja de ser una excusa para colocar el foco en mi persona como investigador y creador.

Conozco personas que llevan muchos años postergándose a si mismas. Quiero ubicar el foco en mí, un foco que reitera Remedios Zafra en su libro El entusiasmo: El derecho a la desconexión.

El empoderamiento, se desmarca de la utilidad práctica, va más allá de la profesión, enhebra un camino incierto que es gustoso de seguir, cuyo final es siempre desconocido.

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Acumulación e identidad: Francesc Torras

Uno de los asuntos que me perturban es la acumulación, tanto de objetos digitales, como de objetos físicos. Y después la ordenación, categorización de los mismos. Ya sea en carpetas digitales, como en estanterías, cajas con etiquetas, o archivos comprimidos.

La acumulación que se desborda, y la posible ordenación, que no deja de ser un intento de ordenación fatídico, puesto que cada vez que se mueve un objeto de lugar, hay que repensar la arquitectura general.

Sería un nefasto interiorista, puesto que hay que tener una mentalidad espacial muy desarrollada, por eso adoro las personas que en seguida ven la distribución de los espacios, las luces y las sombras y saben repartir armónicamente los objetos por el lugar, creando algo diáfano de lo que parecía recargado.

En el MACBA visité la exposición de Francesc Torres: La campana hermética. Espacio para una antropología intransferible. Se anuncia como una acumulación de más de 3500 objetos. Según el folleto para la prensa:

Se trata de hacer evidentes y exponer a la luz pública aquellos sedimentos de memoria, aquellos desencadenantes de pensamiento crítico, aquellos objetos testigos de vivencias intransferibles del artista que constituyen un documento antropológico. Cinco torres desgranan los temas, los conceptos que conforman el mundo que ha originado las obras y los textos del artista: la historia, la memoria mediatizada por restos procedentes de conflictos bélicos, juguetes y herramientas de aprendizaje de los patrones culturales hegemónicos en el momento de formación de cada generación, entre otros. Lejos de funcionar de manera aislada, estas torres están enlazadas por unas pasarelas que las comunican, como neuronas conectadas por múltiples sinapsis.

Es una instalación, donde los objetos están distribuidos en vitrinas con diferentes estanterías. Además estas aparecen interconectadas entre si y el alrededor está plagado de pantallas con imágenes de distintas épocas. La temática gira en torno a objetos que ha ido acumulando Francesc Torres y ha distribuido a su antojo, a partir de su lógica. Hay algo que me resulta de interés en la exposición, y es que cada cierto tiempo Francesc Torres, cambia algunos objetos de lugar, creando nuevos espacios.

Hay baldas llenas de coches (taxis, deportivos, utilitarios), tanques, pistolas de juguete, revistas de moda… Otros espacios con objetos de la guerra civil española, des de cascos con agujeros de bala, pasando por latas abiertas y oxidadas que recogió en el Delta del Ebro. También enciclopedias, y otros enseres.

Francesc Torres. La campana hermética. Espacio para una antropología instransferible”, 2018. Foto: Miquel Coll

 Da la sensación que te ubicas en la mente del artista, transitas por sus lógicas y como espectadora entras en un diálogo constante.  Te remite a tus propios objetos, a los objetos de tu propia época, a los que habrá a lo largo de tu vida.

Como la identidad va variando y las épocas marcan una serie de discursos: des de la aceptación de la guerra a partir del juego con pistolas de agua, muñecos de indios contra los americanos, pasando por los tanques de juguete, y después los objetos cuya historia se han desfigurado.

Con respecto a la guerra civil española, la guía comentaba que a Francesc Torras le interesaba la idea de pensar en las latas de atún abiertas, preguntándose qué habría sido de esa persona, al igual que los cascos agujereados por la bala, como una especie de suposición sobre lo que habría sucedido.

Junto a la entrada se repartía un folleto, con comentarios del artista, el primer párrafo me interesa porque habla sobre la ficción del arte, y a la vez de los dispositivos artísticos. Hay que recordar que fue el propio museo del MACBA el que le encargó la exposición:

Propongo que lo que oficialmente mostramos como artistas sobre la arena social es tan solo una imitación de todo lo que, por una razón u otra, consideramos problemático, muy veraz, sin filtros, revelador de lo que realmente nos ha hecho ser como somos, en tanto que sujetos sociales, políticos y artísticos.

Se supone que nuestra obra es una imagen especular de nosotros mismos, pero como todo lo que refleja un espejo, como si fuera una fotografía de estudio, se ven los excesos de carmín, de maquillaje, de ese lado que más nos favorece y supuestamente disimula el ridículo implícito de toda proyección social de aquello que no somos del todo.

No digo que la obra de un artista sea necesariamente una mentira, que lo es; también es una gran verdad, pero después de recibir las puntadas de un sastre del lenguaje y de la manipulación simbólica. Se trata de una servidumbre más del ser civilizado, en concordancia con lo que dictan las normas de urbanidad que exige la barbarie.

Recuperando el álbum de fotos

De pequeño, mi madre sacaba los álbumes de fotos y me explicaba parte de su vida a partir de ellos. No solo había esa explicación, si no que también podía ver el cambio en el diseño y formato de las fotografías: tonos sepia, blanco y negro y color. En la parte interior había fechas apuntadas y nombres de los eventos.

Cada cierto tiempo, la nostalgia de mi madre la llevaba allí.  Su boda, viajes, mis hermanos, primos… Y cerca, en una caja marrón de tapa semitransparente había un paquete de diapositivas que se consultaban menos ya que requerían de proyector. Había una lupa cuadrada con una pequeña luz para aumentar la imagen.

Conforme iba creciendo cuando iba de viaje, llevaba los carretes para rebelar y después fabricaba sus álbumes.  Parece que el álbum de fotografías era un ser privilegiado de la familia y una manera de explicar la historia familiar.

De hecho, el álbum devino paulatinamente un repositorio de sonrisas en el que no había cabida para el conflicto ni la tragedia: sólo era admisible tener momentos dichosos a fin y efecto de preservar el mito de un clan armónico.

Tal como comenta Jaume Fuster, la disposición de cada sujeto en las imágenes era determinada. Con respecto a la sonrisa y la felicidad, con Susana Rangel trabajamos la investigación con los niños desde las pedagogías visuales y culturales (integrado dentro del master de educación y artes visuales ).

Nos propuso traer fotografías en las que apareciéramos de pequeñas. Todas las alumnas trajimos fotografías de distintas épocas. Normalmente aparecían escenas de personas sonrientes. Susana nos preguntó a cada una: ¿Te sentías feliz de pequeña? Todas contestábamos que sí sin reflexionar, porque así tenía que ser:

Infancia=Inocencia=Felicidad

Pero si ahondabas un poco más, si respirabas, era la nostalgia de ese momento la que emergía y no tanto la felicidad sentida. Porque para muchas personas, si rascabas, no existía esa pretendida felicidad, era una felicidad de simulacro. Así que resultaba que la infancia no estaba tan emparentada con la felicidad y la inocencia como el contrato social impone.

Fotografía=Felicidad

De hecho, si la fotografía no es felicidad es porque también ha sido agredida. O bien rompiendo la fotografía, o eliminando aquellas personas que ya no son amigas, han abandonado a sus hijos, te han hecho daño, etc.  Joan Fontcuberta, habla sobre aquellas fotografías en las cuáles se elimina a una persona, o bien por una separación, un duelo, etc. y la persona no renuncia a la figura en abstracto del esposo y padre, a su fantasía de familia completa, simplemente expulsa al traidor, elimina la disonancia que perturba arrancándolo o borrándolo.

Los álbumes de fotografías, son la eliminación de una disonancia, del fuera de cámara, es la congelación de momentos que simulan perfección o felicidad. En este momento, gracias a las redes sociales, la disonancia no solo se elimina sobre una fotografía impresa, es que directamente se retoca en el dispositivo todo en uno utilizando el filtro beauty face, penalizando cualquier emoción que no sea positiva, evitando las arrugas, grietas de la piel, los paisajes abyectos, megaproduciendo los lugares haciendo 50 fotografías y escogiendo la mejor, posando para buscar la equiparación con los medios publicitarios.

Fotografía=Éxito=Poder

Este resquebrajamiento en los álbumes, se sustenta en la desaparición del soporte físico (mítico carrete de fotos) y simboliza el declive actual del álbum familiar empieza a explicarse por la propia crisis de la organización familiar en las sociedades postindustriales y la eclosión de sistemas de convivencia que desafían el concepto clásico de parentalidad. ¿Cómo seguir documentando algo que se desvanece?

Ahora nos conformamos con acumular en exceso la virtualidad. De ahí que las propuestas de la postfotografía no sean los álbumes si no crear estructuras o lógicas de parentesco entre las imágenes. La fotógrafa se convierte en una narradora y organizadora de estructuras y ella es la encargada de proponer una suerte de significados.

De hecho se puede consultar en este artículo el decálogo de la postfotografía.

  1. Sobre el papel del artista: ya no se trata de producir “obras” sino de prescribir sentidos.
  2. Sobre la actuación del artista: el artista se confunde con el curador, con el coleccionista, con el docente, con el historiador del arte, con el teórico… (cualquier faceta en el arte es camaleónicamente autoral).
  3. En la responsabilidad del artista: se impone una ecología de lo visual que penalizará la saturación y alentará el reciclaje.
  4. En la función de las imágenes: prevalece la circulación y gestión de la imagen sobre el contenido de la imagen.
  5. En la filosofía del arte: se deslegitiman los discursos de originalidad y se normalizan las prácticas apropiacionistas.
  6. En la dialéctica del sujeto: el autor se camufla o está en las nubes (para reformular los modelos de autoría: co-autoría, creación colaborativa, interactividad, anonimatos estratégicos y obras huérfanas).
  7. En la dialéctica de lo social: superación de las tensiones entre lo privado y lo público.
  8. En el horizonte del arte: se dará más juego a los aspectos lúdicos en detrimento de un arte hegemónico que ha hecho de la anhedonia (lo solemne + lo aburrido) su bandera.
  9. En la experiencia del arte: se privilegian prácticas de creación que nos habituarán a la desposesión: compartir es mejor que poseer.
  10. En la política del arte: no rendirse al glamour y al consumo para inscribirse en la acción de agitar conciencias.

Ubicándonos en este lugar de organización de lo imposible, de la crianza de fotografías huérfanas que se depositan en discos duros en la nube como google fotos, Dropbox, OneDrive.

¿Dejaremos que las lógicas algorítmicas de una máquina nos sugieran álbumes digitales, momentos, creen vídeos “emotivos”?

o

¿O nos haremos cargo del destino de esas fotografías?

La primera opción es casi irremediable, pero de la segunda nos podemos hacer cargo, de generar otro tipo de fotografía, dónde seamos artífices de las narrativas, o definitivamente dejemos de hacer fotografías.

Bibliografía:

El texto en cursiva de todo el artículo pertenece a: Fontcuberta, Joan. La furia de las imágenes: notas sobre postfotografía (2016). Editorial Galaxia Gutemberg

Limitar sin afecto; el caso Luis |#DiaES|#Edusoday2018|

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#DiaES : 2 de Octubre de 2018, día Internacional de la Educación Social 

Cuando finalicé la diplomatura de educación social, allá por 2007, recuerdo como Violeta Núñez -magnífica profesora-, nos recomendó que nos colegiáramos.

Era una manera de mantenernos activos, críticos, en contacto con otros profesionales del ámbito social e invertir en la profesión.

Así lo hice, no solo por su recomendación, si no por la necesidad de contar con el respaldo del colegio profesional.

Gracias a haberme colegiado, puedo acceder, entre otras cosas, al servicio de ocupación y orientación profesional.

Me escribió María Figueras (técnica de comunicación del colegio de educador@s sociales de Cataluña), para preguntarme, al igual que a otr@s colegas de profesión, si quería participar en la celebración del Día Internacional de la Educación social.

¿Pero cuál era el requisito de participación para celebrar el #DiaEs #Edusoday2018 y #Thefinestjobintheworld?

Pues algo arriesgado: ¿Cómo ser educador/a social y no morir en el intento?

Es decir, describir un error que haya cometido en mi vida laboral y profesional, porqué creo que fue un error, como debería haber actuado y qué he aprendido.

En la profesión de la educación social errar, no solo es de sabios, si no que es algo muy común.

Comencé a bucear entre mil errores, malentendidos, complicaciones, de uno u otro trabajo. Pero dejé que fuera mi mente y mi emoción la que trajera un error, que recuerdo con posibilidad de mejora.

Limitar sin afecto: el caso Luis

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El contexto en el que se produjo es en pisos terapéuticos para personas con problemas de adicción y/o toxicomanías. Recuerdo que estabamos realizando la reunión terapéutica de los martes. Estávamos todos los profesionales implicados: dirección del centro, coordinadora, trabajadora social, educador@s sociales, integrador@s sociales, responsable de farmacia y mantenimiento y psicóloga.

En esas reuniones se trabajaba la manera de abordar cada caso. Se analizaba de manera integral a la persona, y finalmente se concluía con una devolución semanal en que enfatizávamos aquello que debía mejorar y aquello que había mejorado.

Había una persona, de la cuál era tutor, lo llamaré Luis, que me había manifestado, de una manera bastante correcta, que no se sentía bien en el taller de teatroterapia, que no le veía el sentido y que venía a desgana. Que había estado yendo por no saltarse ninguna norma del centro, pero me pedía por favor no realizarlo.

Trasladé esta información al equipo terapéutico, y estuvimos hablando de la necesidad de trabajar la frustración ante contextos/personas con los que uno no escoge relacionarse (compañero@s de trabajo, jef@s, etc.) y  la necesidad de escuchar y tener en cuenta el desacuerdo de la persona.

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Como marco, la tipología de este centro terapéutico, es directiva. Al inicio de tratamiento, punto en el que estaba Luis, la persona no tiene casi margen de movimiento. No pueden utilizar por ejemplo el movil, siempre van acompañados, y todo lo que plantean tiene que ser valorado por el equipo terapéutico. Ese es el elemento de control.

El problema surgió cuando la profesional de teatroterapia, llamó en mitad de la reunión de equipo terapéutico, para decir que Luis había boicoteado la sesión de teatroterapia, diciendo que era una “mierda” y que yo le había dado permiso para no asistir a la misma.

Dirección, al escuchar esta versión se envalentonó diciendo que eso no podía permitirse y que la devolución era que o bien aceptaba ese taller o bien podía marcharse del recurso. Justamente en ese momento subía Luis a oficinas preguntando por mí.

Pero cuál fue la sorpresa que tuvo al ver que primero salía la directora del centro y yo detrás, intentando mediar en el asunto. Sin embarbo, en mitad de la entrada, habiendo otros usuarios del centro, le dijo que tenía terminantemente prohibido no asistir a teatroterapia y que su comportamiento debía ser ejemplar o allí tenía la puerta.

Mi rol se desdibujó, precisamente, porque yo debía establecer un vínculo de confianza, y mediar para poder “él” no ir a teatroterapia o por lo menos renegociar su asistencia. Hubo rifi rafe…. entre Luis y dirección y en mitad del enfado Luis me dijo:

Me has fallado, porque no me has defendido frente a dirección, y tú eres el único que me puedes defender. Ya no puedo confiar más en tí. No me voy a ir de aquí, voy a cumplir las órdenes, pero no estoy de acuerdo con vuestras respuestas.

Si analizo la situación des de fuera, veo totalmente lógico, que se hubiera visto atacado, indefenso, sin apoyos, y es normal que me cuestionara.

De hecho pienso que parte del asunto se hubiera resuelto de mejor manera hablando en un despacho y no de manera impulsiva.

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Tardé muchos meses en volverme a ganar su confianza, unos meses que fueron muy difíciles, porque durante un proceso terapéutico, se producen muchos altibajos, y cada pequeño bache con aquellos que representávamos el poder de la institución (básicamente el equipo terapéutico), le remitía a aquel momento en que se sintió vulnerable, como un eco de otros momentos de vulnerabilidad que había tenido a lo largo de su vida y que le habían llevado al consumo.

Es díficil resolver la situación, porque sucedió una actuación no pactada por el equipo terapéutico y no es raro que haya decisiones en las que no todos los miembros estén de acuerdo. Des de luego, hubiera tenido que mediar con dirección, para que no hubiera ninguna devolución en caliente, si no, de manera meditada, contextualizando las dificultades de Luis, teniendo en cuenta las aportaciones tanto mías como del resto del equipo.

Romper la confianza de una persona, es sumamente delicado y doloroso, y más cuando las personas tienen muchas grietas de otras caídas, grietas que producen las drogas, las ausencias de figuras de afecto, duelos mal resueltos… Una cosa es que la persona tenga que aumentar su capacidad para afrontar la vida con menor frustración (por ejemplo, tolerar el realizar el taller quincenalmente), y otra intentar que el camino le sea más difícil (obligarle a elegir entre el taller o el tratamiento).

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Para poner un límite lo que hay que hacer como profesionales es entrever cómo ese límite afectará a corto, medio y largo término a la persona. Y conforme se vaya fortaleciendo su autoestima, aumentar la intensidad, para que gane de mayor autocontrol y capacidad de contención. Si no se interiorizan los afectos, tampoco se pueden interiorizar los límites.

Ya que he comentado esta experiencia, si quereís compartir experiencias laborales similares o que os hayan hecho reflexionar sobre vuestra profesión, estaré encantado de leerlas; ya sea de educación social, arteterapia, inserción laboral o cualquier otra profesión de ámbito social.

un abrazo a tod@s l@s educador@s sociales.

Por supuesto a mis otras amadas profesiones, como son arteterapeutas e insertor@s laborales.

Enlaces de interés (están en idioma catalán todos):

  • Viu l’educació social (cat)
  • Carnaval de blogs (cat)
  • Celebrem i construïm la professió (cat)

Si queréis participar en la celebración podéis usar alguno de los siguientes hashtags

CarnavalBlogs_cast

#DiaES #Edusoday2018 #Thefinestjobintheworld

Renovación

Surge el mes de septiembre, y voy a intentar darle un poco de movimiento al blog. No dispongo de demasiado tiempo, pero si me gustaría poder seguir generando contenido.

Evidentemente este espacio, además de ser un espacio de difusión para las terapias creativas, es un espacio de diálogo, cuestionamiento y crítica.

¿De dónde viene esta renovación?

Durante este año he realizado la formación he realizado el Diploma Universitario en Orientación e Inserción laboral

Esto hace que aglutine en mi rol profesional distintos saberes:

Todos estos saberes, conforman una idiosincrasia particular.

El momento para un proyecto de creación subjetiva

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Pero, entre tanta formación y trabajo descuidé mi propio proceso de creación. Las redes sociales y la comunicación requieren de planificación, esfuerzo y estructura. No me hubiera sido posible mantener el blog si lo hubiera planificado de manera correcta.

Ahora, casi a cuatro meses del cambio de año, he logrado aglutinar espacios para generar contenido y quiero que uno de los ejes centrales sea mi proceso como creador e investigador.

Nueva temporalización de los artículos

Lo primero es ordenar el tiempo de publicación del blog, que será mensualmente publicar dos artículos:

  • Publicar un artículo de opinión (*)
  • Publicar un artículo de propuesta creativa (*)

Gracias a la eclosión de Internet y las redes sociales, se genera muchísimo contenido sobre creación, expresión, mediación artística y artes visuales. La intención no es hacer consejos o recetas, si no un laboratorio de experimentación, más cercano a la poesía y a la metáfora. 

La idea es ponerme en primer lugar, experimentar con ese contenido y explicar mi experiencia.  

(* ¡Aunque no siempre estoy consiguiendo publicar a tiempo!)

Pinterest e Instagram

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He decidido abrir una cuenta de Instagram y otra de Pinterest, ya que ambas utilizan la imagen como soporte principal. Cada espacio estará reservado para un tipo de contenido.

En la cuenta de Instagram, habrá sobre todo fotografías que realice y creación de obra propia.

La cuenta de Pinterest   la he querido distribuir en carpetas. Principalmente quiero que sea cómoda de utilizar. Es la más compleja porque aglutina distintos campos de interés. Pero principalmente está el lado de la orientación e inserción laboral y el lado de las terapias creativas.  Os facilito el nombre y contenido de cada carpeta digital:

  • Fotografía Tips: Imágenes con orientación y propuestas para hacer fotografía
  • Historia del arte: Imágenes sobre arte y artistas clásicos
  • Psicoanálisis: Imágenes sobre historia del psicoanálisis y algunos conceptos
  • Inspiración: Imágenes que me resultan inspiradoras
  • Recursos TIC: específico para orientación laboral
  • Escritura: recursos sobre escritura, escritura creativa, escrituroterapia, etc.
  • Marca Personal: Recursos para trabajar la marca personal sobretodo en orientación laboral
  • Frases artistas: frases icónicas, inspiradoras
  • Artistas: artistas que me resultan interesantes
  • Psicologías: contenido sobre distintas propuestas psicológicas o similares
  • Introducción Arteterapia: recursos, contenido o propuestas para realizar actividades de arteterapia o que pueden ser coadyudantes
  • Arteterapia Libros: libros sobre arteterapia

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¿ Y YouTube?

De momento, aunque dispongo de cuenta en YouTube, el hecho de editar y producir videos , requiere de mucho tiempo y no tengo planificado mejorar mi canal.

Twitter y la página de facebook

Ambas redes sociales las utilizaré para dar soporte al blog. Siempre que puedo contesto los comentarios y los mensajes que enviáis por privado.

Os agradezco el tiempo dedicado, la confianza y las visitas. Quiero que siga siendo un espacio ecléctico, genuino y de diálogo.